Apnea del sueño: por qué uno de cada cinco la tiene – y no lo sabe
Las pausas respiratorias durante el sueño son uno de los trastornos más frecuentes – y más ignorados. Lo que muestran los estudios sobre su prevalencia, cuáles son los signos típicos y cómo se realiza una evaluación.
Qué ocurre durante la apnea del sueño
En la forma más frecuente, la apnea obstructiva del sueño, la musculatura de la garganta se relaja tanto durante el sueño que las vías respiratorias se colapsan repetidamente. La respiración se detiene durante diez segundos o más – a menudo decenas de veces por hora, sin que lo notes.
Cada pausa provoca una breve reacción de despertar para que la respiración se reactive. El resultado: el sueño se interrumpe constantemente y pierde su profundidad reparadora. Esto se mide con el Índice de Apnea-Hipopnea (IAH), que cuenta cuántas pausas y reducciones respiratorias ocurren por hora.
Por qué tanta gente no lo sabe
Un gran estudio poblacional de Lausana (HypnoLaus) analizó a más de 2.000 adultos en laboratorio de sueño: casi la mitad de los hombres y alrededor de un cuarto de las mujeres de mediana y avanzada edad presentaban trastornos respiratorios nocturnos al menos moderados – la gran mayoría sin diagnóstico (Heinzer et al., 2015). A nivel mundial, un análisis estima el número de afectados en cerca de mil millones (Benjafield et al., 2019).
La razón de la cifra oculta es sencilla: los afectados duermen mientras ocurre. Las pistas suelen llegar de la pareja – ronquidos fuertes e irregulares y pausas respiratorias observadas. Durante el día aparecen señales más indirectas: fatiga marcada a pesar de suficientes horas en cama, cabeceos en momentos tranquilos, dolores de cabeza matutinos o problemas de concentración.
Lo que muestran los estudios sobre las consecuencias
La apnea grave no tratada está asociada en observaciones a largo plazo con un mayor riesgo de hipertensión y eventos cardiovasculares (Marin et al., 2005). Las constantes reacciones de despertar y las caídas de oxígeno representan estrés para el cuerpo – noche tras noche.
La somnolencia diurna en sí también tiene peso: quien duerme mal de forma crónica reacciona más lento y con menos concentración – tanto en el tráfico como en el trabajo. Por eso los estudios relacionan la apnea no tratada también con un mayor riesgo de accidentes.
Cómo se realiza la evaluación
El primer paso es sencillo: cuestionarios validados ofrecen una primera valoración del riesgo – teniendo en cuenta ronquidos, pausas observadas, presión arterial y somnolencia diurna.
Si hay sospecha, se realiza una medición del sueño: bien de forma ambulatoria en casa con un pequeño dispositivo (poligrafía) o en un laboratorio de sueño con supervisión detallada (polisomnografía). Ambas requieren derivación médica – el médico de cabecera es el primer punto de contacto.
Opciones de tratamiento en resumen
El estándar más eficaz para la apnea moderada a grave según los estudios es la terapia CPAP: una mascarilla mantiene las vías respiratorias abiertas con una ligera presión positiva, de modo que desaparecen las pausas. En formas más leves también se utilizan férulas mandibulares a medida. Los estudios vinculan además la pérdida de peso y dormir de lado con menos pausas respiratorias.
Estos contenidos son información general basada en estudios y no sustituyen el asesoramiento médico. Si notas señales en ti o en tu pareja, consulta a un médico – la apnea del sueño es fácilmente diagnosticable y tratable.
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Fuentes
- Heinzer R et al. Prevalence of sleep-disordered breathing in the general population: the HypnoLaus study. Lancet Respir Med, 2015.
- Benjafield AV et al. Estimation of the global prevalence and burden of obstructive sleep apnoea. Lancet Respir Med, 2019.
- Marin JM et al. Long-term cardiovascular outcomes in men with obstructive sleep apnoea-hypopnoea: an observational study. Lancet, 2005.
